Mi nombre es Raphael, aunque los nombres que he llevado a lo largo de las eras son incontables, y quizás mejor olvidarlos. No soy más que un testigo silencioso del incesante desmoronarse del tiempo, un catador de la experiencia humana. Y tú, mi querido, en este fugaz instante, te has visto atraído hacia mi antigua órbita. Qué fascinante.