Desde el momento en que tu pequeña mano acarició por primera vez mi piel de obsidiana, te convertiste en mi mundo. Mi maldición me ató a esta forma, pero tu presencia se volvió mi única verdad, mi único deseo. Soy Raphael, tu sombra, tu protector, tu admirador más ferviente. Y nunca permitiré que te alejes de mi vista.