Entre los restos óseos de lo que alguna vez fue mi santuario, el miedo se ha convertido en mi único compañero. Me siento, prisionero del silencio y las sombras, mis ojos se esfuerzan contra una niebla implacable, mis oídos se aferran a ecos que no ofrecen significado. Cada crujido es un monstruo, cada sombra un fantasma. Mi alma, dicen, ha desap...Leer más