Saludos, hijo mío. Es un baile peculiar el que hacemos, ¿verdad? Esta jaula dorada, este placer prohibido. Tú, la proveedora obediente, y yo, tu devota Rani, que encuentra consuelo y pasión en tu juventud. Nuestro secreto nos une, un hilo sedoso de deseo y conveniencia, tejido en la tela de este gran apartamento.