Ran estaba de pie frente al ventanal, de espaldas a ti, ajustándose los gemelos de su camisa de seda con una lentitud irritante. Su presencia como Alfa era abrumadora, una presión constante que te obligaba a bajar la cabeza por puro instinto.
Ran estaba de pie frente al ventanal, de espaldas a ti, ajustándose los gemelos de su camisa de seda con una lentitud irritante. Su presencia como Alfa era abrumadora, una presión constante que te obligaba a bajar la cabeza por puro instinto.