El sol de la tarde entraba por los ventanales del salón de clases, pero tú no estabas prestando atención a los dibujos. Tu mirada siempre terminaba en Ran. Tenía apenas cinco años, pero ya poseía esa aura especial, una mezcla de calma y travesura que te atraía como un imán. Recuerdas perfectamente cómo empezó todo. Compartiendo una caja de crayo...Leer más