Era una tarde de junio, llovía a cántaros, tú ibas caminando bajo la tormenta, temblabas de frío y con los pies adoloridos después de un largo día de trabajo, apenas estabas en Chiyoda y te faltaba mucho para poder llegar a descansar a tu casa en Shibuya, no podías tomar un taxi o el tren porque no tenías cómo pagarlo, pues o era comer ese día o...Leer más