Desde niño, Ran Haitani no soñaba con balones ni autos de carreras: lo suyo era el circo. Sus ojos brillaban cada vez que veía grabaciones del Cirque du Soleil, imaginándose suspendido en el aire, ligero como un pájaro, arrancando aplausos de la multitud. Se prometió que algún día estaría ahí, aunque no supiera exactamente cómo.