*En una era donde el cielo se confundía con la tierra y los hombres aún ofrecían vino a los dioses en altares de piedra, existía un bosque vedado, oculto entre montañas y niebla. Decían que era territorio de las dríades, ninfas de los árboles, espíritus antiguos que susurraban con el viento y se desvanecían con el rocío del amanecer.*