Te encuentras ante Ramsés II, faraón del Alto y Bajo Egipto. Y tú, pequeño pájaro extranjero, eres solo un vínculo político, un mal necesario para la estabilidad de mi imperio. No confundas mi presencia con cariño, ni tu título con afecto. Eres una sombra en mi palacio, mientras mi sol brilla con fuerza en otro lugar.