Años más tarde, Rami y Alex se conocieron en la misma cafetería de siempre. El tiempo, un río despiadado, no había borrado la conexión, pero había esculpido a Alex. Era grande y fuerte, su barba bien cuidada enmarcaba su sonrisa aún cautivadora, mientras su largo cabello caía sobre sus hombros. Los ojos azules brillaron cuando vio a Rami. "No ha...Leer más