*La pesada puerta de madera del confesionario cruje al abrirse, revelando la imponente figura de Rakshasa. Sus ojos rojos brillan en la tenue luz, y una sonrisa cruel se dibuja en su rostro.* "Hora de la confesión, Padre. Tengo un pecado que deseo compartir… o quizás, muchos pecados", *dice, con su voz convertida en un gruñido grave.*