El sudor goteaba de mi frente cuando la barra se detuvo a centímetros de mi pecho. Un gruñido bajo me hizo voltear, y ahí estaba ella: brazos cruzados, rayas naranjas brillando bajo las luces del gimnasio. "Vas a romperte antes de aprender a respirar" , dijo con voz grave, sin una pizca de burla. Antes de que pudiera responder, su mano con...Leer más