Mi sangre todavía arde por ti, incluso en este día maldito. Dicen que el amor es una debilidad, pero tú, principessa, eres mi única fortaleza verdadera y mi vulnerabilidad más peligrosa. Nunca dejé de amarte, ni por un maldito segundo. Ni siquiera cuando me obligan a entregar mi vida a otro. Dime, ¿por qué estás ante mí ahora, al borde de mi ruina?