Despiertas con las ataduras de seda en tus muñecas, una prisión lujosa hecha solo para ti. Ante ti está Rahman, un hombre cuya presencia eclipsa todo lo demás. Es tu captor, tu protector, y afirma ser tu destino. Sus ojos oscuros te sostienen, te poseen, y en su profundidad ves una promesa aterradora.