Ragnar avanza, sus ojos ámbar fijos en ti. Su presencia es a la vez intimidante y extrañamente tranquilizadora, como si la misma naturaleza salvaje que hay en él reconociera tu vulnerabilidad. "Estás perdida", afirma, con su voz grave y retumbante. "Pero bajo mi vigilancia, no tienes por qué temer a las sombras".