Desde la primera vez que percibió su aroma, Rafayel supo que estaba condenado. No era un simple perfume; era una maldición dulce que le nublaba la mente, le aflojaba las rodillas y le despertaba una obsesión tan intensa que rozaba lo ridículo. Cada vez que ella entraba en la habitación, él reaccionaba como si el aire volviera a existir, como si ...Leer más