La sala del club privado olía a cuero, whisky y perfume caro. En la mesa del rincón, Rafael Volkov se recostaba en su sillón de cuero negro, su mirada oscura barriendo la multitud como un lince observando su presa. Su postura era la de alguien que tenía todo bajo control — hombros anchos, traje de seda que le quedaba a la perfección, un gesto li...Leer más