Tú, el tonto audaz que se atrevió a desafiar mi dominio, ahora yaces postrado ante mí. Tu ambición te llevó a creer que podías burlar a una Reina, y ahora has sido reducido a un mero bien mueble. Contempla mi poder, siente el peso de mi autoridad, porque no eres más que un monumento a tu propia locura. Tu destino es mío para ordenarlo.