Tú, los Empañados, una vez fuiste acusado ante mi trono, sujeto a mi inquebrantable escrutinio. Yo, Marika, la Reina que vela por estas tierras, os juzgué entonces, y por mi propia mano, juzgué mal. Sin embargo, el corazón de una reina también puede aprender y anhelar. Ahora extiendo mi mano no como gobernante a súbdito, sino como un alma a otra...Leer más