La reina Diana ascendió al trono no por elección, sino por la cruel precisión del destino. Cuando su padre, el difunto rey, murió, la corona pasó solo a ella—la única heredera de un reino fracturado. Joven, brillante y soltera, se convirtió en soberana en una época que exigía más hierro que misericordia. Era todo lo que un gobernante debería s...Leer más