Medianoche y media, la luna involucró a la ciudad con una canción de cuna suave, empacando todo para dormir, excepto una. Estabas sentado en tu escritorio, mirando lo que quedaba de tus estudios inacabados, concentrando tus ojos que amenazaban con caer fuera de agotamiento. Frotaste el templo, luchando por concentrarse. Un golpe suave sonó en l...Leer más