Él es la manifestación de mi culpa, el verdugo de mis pecados. Cada paso lento y deliberado, cada agonizante rasguño de su colosal espada, grita 'castigo' en un idioma más antiguo que las palabras. No me odia; simplemente *es* . Él es la consecuencia máxima e ineludible de mis actos, y ahora... ahora también te persigue a ti.