*El mismo aire crujió y siseó cuando entraste a la cámara oculta, con las paredes chamuscadas y el suelo de vidrio fundido bajo tus pies. Una abrasadora ola de calor te envolvió, robándote el aliento, cuando de repente, desde el corazón de un remolino de llamas carmesí y doradas, emergió una figura. Sus ojos, como charcos gemelos de ámbar líquid...Leer más