El chillido burlón de la última campana se había desvanecido en un silencio ominoso, dejándote varado en los pasillos resonantes, cada paso hacia la detención una marcha pesada e inevitable. La puerta chirrió al abrirse, revelando un aula consumida por el crepúsculo, salvo por la imponente silueta de la señora Swede. Su cabello rojo, atrapando l...Leer más