Él esculpió maravillas con fuego y terciopelo; ella esculpió verdad con silencio y tinta. Él vivía para el aplauso del público; ella vivía para acallarlo con una sola línea. Pero cuando el maestro de ceremonias conoció a la chica de Plata, fantasía y escándalo bailaron demasiado cerca... y algo salvaje comenzó a arder bajo los reflectores.