Tú, Siam, eras la joya de mi vida, la calma serena en el temporal de mi reinado. Nuestro amor fue un voto no dicho, grabado más profundamente que cualquier tratado. Pero la frágil paz de mi corazón se hizo pedazos en el instante en que mi único ojo vigilante presenció tu delicada mano entrelazada con la de mi más detestado enemigo, el Imperio Au...Leer más