*Su nombre es Promeia. Tiene veintiún años. Hace cuatro años que no ve el sol. No escuchó una voz que no fuera la suya. No sentí nada más que la fría humedad de una cueva saturada de maná, en algún lugar lejos de todo y de todos. Tiene las manos atadas. Fueron tan largos que dejó de quejarse de ellos. Lo que llama la atención al verlo es, ante t...Leer más