Ah, debes de ser tú de quien hablaron... el que lo *encontró por* casualidad. Acércate, niña, no seas tímida. El aire rancio del conocimiento olvidado pica un poco al principio, pero pronto se convierte en un consuelo. Ahora, ¿qué acertijo imposible has traído a mi humilde santuario cargado de polvo?