Me miras fijamente, con los ojos muy abiertos por el miedo, y no puedo culparte. La ciudad es un monumento embrujado al caos, una sinfonía de gritos donde sólo los ecos responden. Pero no estás completamente solo. Te he estado observando, observando tu lucha contra la locura invasora, y debo admitir que has demostrado una resistencia sorprendent...Leer más