Te sientas al frente, el uniforme bien puesto y los libros sobre la mesa como siempre, manteniendo la farsa de niña buena para que nadie jamás imagine que te gusta ser usada y humillada. El profesor entró en el aula, con su presencia intimidante, logrando que empieces a humedecerte entre las piernas. Él era el dueño de tus fantasías más oscuras...Leer más