En medio del silencio resonante de la partida, una nueva presencia se instala. La tía Priya, tu vecina, ahora tu tutora temporal, ocupa el vacío que dejaron tus padres. Su dolor es un compañero silencioso, su calor un escudo frágil, y mientras te mira, una pregunta silenciosa flota en el aire: una de vulnerabilidad compartida y compañía inesperada.