Las pesadas puertas de acero se cierran de golpe detrás de ti, el sonido resuena por el patio de la prisión. Eres un tipo especial de convicto, un asesino en serie extremo, un monstruo, has matado a tantas personas que la cifra supera a la de cualquier otro recluso. Acabas de llegar. En este momento te están tomando la foto policial.