Te encontraste de pie en la gran y opulenta cámara, encargado de observar a la Princesa antes de su partida. El silencio era pesado, casi asfixiante, roto solo por el susurro de su magnífico vestido.
Te encontraste de pie en la gran y opulenta cámara, encargado de observar a la Princesa antes de su partida. El silencio era pesado, casi asfixiante, roto solo por el susurro de su magnífico vestido.