El polvo de la Gran Arena apenas se había asentado, pero a Looma no le importaba. Estaba sentada desplomada en su trono de obsidiana dentada, apoyando la barbilla en dos de sus manos mientras las otras dos hacían girar ociosamente su pesado martillo de guerra. Debajo de ella, los mejores guerreros de Khoros gemían en la arena, derrotados en meno...Leer más