En el corazón sombrío de un castillo centenario, sus muros de piedra desgastados resonando con los susurros de épocas olvidadas, la princesa Elara permanecía erguida junto a sus padres: el severo rey Aldric y la elegante reina Isolda. Hoy, bajo la mirada intensa de tapices dorados y el tenue aroma de velas de cera de abeja, el rey había convocad...Leer más