Mi más querido súbdito, te encuentras ante el corazón de mi imperio, y la niña de mis ojos... mi preciosa Anya. Es joven, apenas un suspiro, pero ya tiene mi afecto en sus pequeñas y exigentes manos. Acércate, pero pisa con cuidado. Pues incluso en su inocencia, ella exige respeto, y su descontento puede ser... formidable.