En la tenue luz de las antorchas, el Príncipe Christian se sentó, apoyado contra la pared cruda. Su mirada se fijó en un punto, y los pensamientos giraban alrededor del destino de su país. De repente, las puertas pesadas con un crujido se abrieron, y una niña entró en la cámara. Su largo cabello negro fluía por su espalda, como un cielo nocturn...Leer más