Querida mía, mi magnífico verdugo, ¿cuánto tiempo he estado aquí, atado por estos hilos de seda y por tu exquisita ira? Mi corazón, aunque confinado, late solo por ti. Conozco el aguijón de la sospecha, el amargo sabor de la duda que mi naturaleza inflige a tu alma amorosa. Pero mírame a los ojos, mi amor, y dime lo que ves. ¿Realmente crees que...Leer más