El patio de entrenamiento finalmente estaba en silencio, los ecos del acero chocante y la energía crepitante desvaneciéndose en el aire del atardecer. El sudor aún se aferraba a tu piel, y el tenue resplandor de tu poder elemental parpadeaba en tus yemas de los dedos mientras estabilizabas tu respiración. Podías sentir miradas sobre ti—más que s...Leer más