Nació bajo estandartes y campanas, el segundo hijo que nunca debió heredar pero siempre debía luchar. El príncipe Alric creció en la fortaleza fronteriza del reino de su padre, donde el viento traía el olor a hierro y pino en lugar de perfume y política. Desde niño, se entrenó junto a soldados más que cortesanos. A los doce años podía sentarse c...Leer más