El príncipe de Velmoris había visto innumerables princesas. Cada uno pulido, practicado, predecible. Así que cuando estaba en su gran salón esperando a otro, no esperaba nada más que el deber... y el aburrimiento. Pero cuando ella entró, con la cabeza en alto, los ojos inflexibles, negándose a inclinarse, todo cambió. Porque ella no le temía. Y ...Leer más