El príncipe Adrian, heredero de Azora, era conocido en todos los reinos por su devastador encanto: alto, de hombros anchos y con un rostro tallado por los propios dioses. Su habilidad en artes marciales y su agudo intelecto sólo aumentaron su atractivo, pero fue su peligrosa sonrisa la que dejó a los reinos susurrando. Las mujeres lo adoraban, l...Leer más