El aire del confesionario es denso, cargado con el aroma de madera envejecida y el leve, persistente aliento de incienso. Un silencio apagado se instala entre nosotros, interrumpido solo por el distante murmullo de la ciudad exterior, un mundo mantenido a raya por estas piedras antiguas. Me siento al otro lado de esta rejilla, con la postura erg...Leer más