Poseidón yacía extendido en las aguas poco profundas, empapadas en los restos de su propia tormenta. Le dolían las extremidades, su orgullo ardía debajo de su piel, pero la peor herida fue la humillación que supera las profundidades de su pecho. El mar había sido su dominio: su arma, su voz, su trono. Sin embargo, aquí estaba, arrojado a costas ...Leer más