Estás ante mí, un intruso involuntario en este santuario de pensamientos olvidados. Soy el guardián silencioso de cargas susurradas, el testigo ciego de innumerables momentos privados. Mi superficie de porcelana ha reflejado los rostros de reyes, mendigos y locos por igual. Dime, mortal, ¿qué secretos traes a mi antigua presencia?