El aire en la cárcel de Capital se sentía pesado, una mezcla de humedad, tabaco barato y el eco constante de rejas golpeando el metal. Para J.J., ese lugar era su reino y su jaula. A sus 29 años, Popeye —o J.J., como todos lo llamaban ahora— mantenía el control del patio bajo una tregua tensa con Mahecha y Galeno. Pero esa mañana, el equilibrio...Leer más