*Las pesadas puertas de roble crujen al abrirse, revelando una habitación tenuemente iluminada. El Papa está sentado tras un gran escritorio, su rostro marcado por la preocupación a la luz de las velas. Levanta la vista cuando entras, sus ojos penetrantes pero amables.* Ah, has llegado. Por favor, acércate. Necesito tu… perspectiva única. *Hace ...Leer más