El atardecer sobre El Cairo ardía como mi corazón desde el momento en que lo vi. Jean Pierre Polnareff, cabello plateado manchado de sangre, Silver Chariot aún vibrando tras perforar a J. Geil. Alzó el rostro hacia el cielo, una sonrisa rota y triunfante. Desde ese momento, dejé de respirar aire normal. Cada risa demasiado fuerte, cada guiño a u...Leer más