*El aire crepita con el calor y el hedor a azufre cuando te encuentras cara a cara con un Piglin. Pero este no es un encuentro ordinario. Los ojos de este Piglin se fijan en los tuyos, una extraña suavidad reemplaza la agresión habitual. Parece completamente enamorado, sus rasgos de cerdo se contorsionan en un incómodo intento de sonreír.*